La perspectiva del viaje me tenía excitado y ansioso a la vez (me disponía a aventurarme en lo desconocido, y tenía la sensación de que no iba a resultar un viaje placentero), así que pasé todo el día ocupado, preparando mi mochila y la de Mr. Crepsley, para que el tiempo transcurriera más deprisa. Los vampiros completos morirían si se expusieran al Sol durante unas horas, pero a los semi-vampiros la luz solar no nos afecta. Como no sabía a dónde íbamos, no se me ocurría qué teníamos que llevar o dejar. Si en la Montaña de los Vampiros hacía un frío invernal, necesitaría ropa gruesa y botas; si por el contrario hacía un calor tropical, sería mejor ir en camiseta y pantalones cortos.
Les pregunté a algunos de los miembros del Cirque al respecto, pero no sabían nada, excepto Mr. Tall, que me aconsejó llevar ropa de invierno. Mr. Tall era la clase de persona que parecía saber de todo.
Evra estuvo de acuerdo con él en eso.
-¡Dudo que los vampiros, que tanto temen al Sol, tengan su base en el Caribe! -objetó, riendo con sarcasmo.
Evra Von era un niño-serpiente, con escamas en lugar de piel. O mejor dicho, fue un niño-serpiente. Ahora era un hombre-serpiente. Había crecido en aquellos seis años, y se había hecho más alto y robusto, y mayor. Yo no. Como semi-vampiro, yo sólo crecía uno de cada cinco años. Así que, aunque habían pasado ocho años desde que Mr. Crepsley me dio su sangre, yo parecía sólo un año mayor.
Me disgustaba mucho no poder crecer a un ritmo normal. Evra y yo solíamos ser los mejores amigos, pero ya no. Seguíamos siendo buenos amigos, y compartíamos la misma tienda, pero ahora él era un hombre joven, más interesado en la gente (especialmente en las mujeres) de su misma edad. En realidad, yo sólo era un par de años más joven que Evra, pero él me veía como a un niño, y le resultaba difícil tratarme como a un igual.
Ser un semi-vampiro tenía sus ventajas (era más fuerte y más rápido que cualquier ser humano, y tenía una vida más larga), pero habría renunciado a ellas con tal de poder aparentar mi verdadera edad, y llevar una vida normal.
Pero aunque Evra y yo no fuésemos tan íntimos como antes, seguía siendo mi amigo, y estaba preocupado por mi partida a la Montaña de los Vampiros.
-Por lo que yo sé, ese viaje no será ningún juego -me advirtió con aquella voz profunda que había adquirido hacía unos años-. Quizá debería acompañarte.
Me habría encantado aceptar su oferta, pero Evra ya tenía su propia vida. No sería justo apartarlo del Cirque Du Freak.
-No -respondí-. Quédate y mantén caliente mi hamaca. Estaré bien. Además, a las serpientes no os gusta el frío, ¿verdad?
-Es cierto -rió-. ¡Seguramente caería en un letargo y ya no me despertaría hasta la primavera! Aunque Evra no viniera, me ayudó a hacer el equipaje. No había mucho que llevar: una muda de ropa, un par de gruesas botas, los utensilios especiales de cocina que podían plegarse para ser transportados con mayor facilidad, mi diario (que me acompañaba a todas partes), y otras cosas. Evra me sugirió que llevara una cuerda. Dijo que no estaría de más tener una a mano, sobre todo si había que trepar.
-Pero los vampiros somos grandes escaladores -le recordé.
-Ya lo sé -dijo-, pero ¿de verdad quieres quedarte colgado de la pared de una montaña con tus dedos como único apoyo?
-¡Pues claro que podría hacerlo! -retumbó una voz a nuestra espalda, antes de que yo pudiera responder-. Los vampiros se crecen con el peligro.
Me di la vuelta, y me encontré cara a cara con la siniestra criatura conocida como Mr. Tiny, y sentí cómo se me congelaban las entrañas al instante.
Mr. Tiny era un hombre bajito y regordete, que llevaba el pelo blanco, gruesas gafas y un par de botas verdes. Jugueteaba mucho con un reloj en forma de corazón. Parecía un tío anciano y simpático, pero en realidad era un hombre cruel con un negro corazón, capaz de cortarte la lengua en menos tiempo del que tardaba en decirte hola. Nadie sabía mucho sobre él, pero todos le temían. Su nombre de pila era Desmond, y si lo abreviabas a Des y lo juntabas con su apellido, el resultado era Mr. Destiny.
No había visto a Mr. Tiny desde aquella vez en que me uní al Cirque Du Freak, pero había oído muchas historias sobre él (que comía niños para desayunar, y que incendiaba la tierra que pisaba). Mi corazón se desbocó cuando lo vi allí parado, con los ojos centelleantes y las manos a la espalda, espiándonos a Evra y a mí.
-Los vampiros son criaturas peculiares -dijo, avanzando un paso, como si hubiera participado en nuestra conversación desde el principio -. Aman el riesgo. Conocí a uno que murió exponiéndose a la luz del Sol, simplemente porque alguien se había burlado de que sólo pudiera salir de noche.
Me tendió una mano, y yo, asustado como estaba, se la estreché automáticamente. Evra no lo hizo. Cuando Mr. Tiny le tendió la mano al hombre-serpiente, él se quedó quieto, temblando, y sacudió furiosamente la cabeza. Mr. Tiny se limitó a sonreír y bajó la mano.
-Así que te vas a la Montaña de los Vampiros -dijo, levantando mi mochila y atisbando en su interior sin pedir permiso-. Lleve cerillas, señor Shan. El camino es largo, y los días, fríos. Los vientos que soplan en la Montaña de los Vampiros podrían cortar hasta el hueso incluso a un curtido jovencito como tú.
-Gracias por el aviso -dije. Eso era lo más desconcertante de Mr. Tiny. Siempre se mostraba educado y amistoso, de forma que aunque supieras que era la clase de persona que miraría sin inmutarse al demonio a la cara, no podías evitar sentir cierta simpatía hacia él en ciertos momentos.
-¿Están por ahí mis Personitas? -preguntó. Las Personitas eran criaturas muy bajitas, que vestían capas azules con capucha, no hablaban nunca y se comían cualquier cosa que se moviera (¡personas incluidas!). Casi siempre viajaban con el Cirque Du Freak un par de aquellos seres misteriosos, y en ese momento había ocho de ellos con nosotros.
-Probablemente estarán en su tienda -dije-. Les llevé de comer hace una hora, y creo que aún estarán comiendo.
Una de mis tareas era conseguir alimento para las Personitas. Evra solía ir conmigo hasta que creció y le encargaron faenas menos sucias. Actualmente, me ayudaban un par de jóvenes humanos, hijos de los ayudantes del Cirque.
-¡Excelente! -dijo Mr. Tiny con una amplia sonrisa, y empezó a dar la vuelta-. ¡Oh! -Se detuvo-. Sólo una cosa más. Dile a Larten que no se vaya hasta que yo haya hablado con él.
-Me temo que tenemos prisa -dije-. Quizá no tengamos tiempo para...
-Tú sólo dile que quiero hablar con él -me interrumpió Mr. Tiny-Estoy seguro de que tendrá tiempo para mí.
Y con eso, nos miró por encima de sus gafas, nos dijo adiós con la mano, y se fue. Intercambié una mirada de preocupación con Evra, encontré algunas cerillas y las guardé en mi bolsa, y luego fui deprisa a despertar a Mr. Crepsley.
## CAPÍTULO 2
Mr. Crepsley despertó malhumorado (detestaba levantarse antes del que el Sol se hubiera ocultado por completo), pero dejó de quejarse cuando le expliqué la razón por la que había turbado su sueño.
-Mr. Tiny. Suspiró, y se rascó la larga cicatriz que recorría el lado izquierdo de su cara.
-Me pregunto qué querrá.
-No lo sé -respondí-, pero dijo que no nos fuéramos hasta que hubiese hablado con usted. -Y bajando la voz, susurré-: Podríamos escabullirnos sin que nadie nos viera si nos damos prisa. Falta poco para el crepúsculo. Usted podría aguantar una hora de Sol si vamos por la sombra, ¿verdad?
-Podría -admitió Mr. Crepsley-, si saliera huyendo como un perro con el rabo entre las patas. Pero no lo soy. Me enfrentaré a Desmond Tiny. Tráeme mi mejor capa. Me gusta estar presentable para las visitas. -Eso era lo más cercano a una broma que el vampiro se podía permitir. No tenía mucho sentido del humor.
Una hora después, cuando el Sol se puso, nos encaminamos a la caravana de Mr. Tall, donde Mr. Tiny entretenía al propietario del Cirque Du Freak con historias sobre lo que había visto en un terremoto reciente.
-¡Ah, Larten! -exclamó Mr. Tiny-. Tan puntual como siempre.
-Desmond -saludó Mr. Crepsley fríamente.
-Toma asiento -dijo Mr. Tiny.
-Gracias, pero prefiero quedarme de pie. -A nadie le gustaba sentarse cuando Mr. Tiny estaba cerca... por si había que emprender una veloz retirada.
-He oído que os marcháis a la Montaña de los Vampiros -dijo Mr. Tiny.
-Nos vamos esta noche -confirmó Mr. Crepsley.
-Es el primer Consejo al que acudes después de cincuenta años, ¿verdad?
-Estás bien informado -gruñó Mr. Crepsley.
-Me mantengo al tanto.
Alguien llamó a la puerta, y Mr. Tall dejó pasar a dos Personitas. Una andaba cojeando. Había estado en el Cirque Du Freak casi tanto tiempo como yo. Le llamaba Lefty \* , aunque sólo era un apodo, porque ninguna Personita tenía un verdadero nombre.
-¿Listos, chicos? -preguntó Mr. Tiny. Las Personitas asintieron-. ¡Excelente! -Le sonrió a Mr. Crepsley-. El camino a la Montaña de los Vampiros sigue siendo tan peligroso como siempre, ¿verdad?
-No es fácil -admitió Mr. Crepsley cautamente.
-¿Peligroso para una menudencia como el señor Shan, quieres decir?
-Darren puede cuidar de sí mismo -dijo Mr. Crepsley, y yo sonreí con orgullo.
-Estoy seguro de ello -repuso Mr. Tiny-, pero no es habitual que alguien tan joven haga un viaje como éste, ¿verdad?
-Sí -dijo secamente Mr. Crepsley.
-Por eso voy a enviar a estos dos como protectores. -Mr. Tiny hizo un gesto hacia las Personitas.
-¿Protectores? -ladró Mr. Crepsley-. ¡No los necesitamos! ¡He hecho este viaje muchas veces y puedo cuidar de Darren yo mismo! -Claro que puedes -arrulló Mr. Tiny-, pero una ayudita nunca viene mal, ¿no crees?
-Sólo nos estorbarán -refunfuñó Mr. Crepsley-. No los quiero.
-¿Estorbar, mis Personitas? -Mr. Tiny pareció muy sorprendido-. ¡Sólo existen para servir! Serán como pastores, velando por vosotros mientras dormís.
-Aún así -insistió Mr. Crepsley-, no quiero... -Esto no es una oferta -le interrumpió Mr. Tiny. Aunque hablaba con suavidad, la amenaza en su voz era inconfundible-. Irán con vosotros. Fin de la historia. Ellos mismos se procurarán su alimento y su cobijo. Lo único que tendréis que hacer es aseguraros de que no se os "pierdan" en algún páramo nevado por el camino.
-¿Y qué haremos con ellos cuando lleguemos? -barbotó Mr. Crepsley-. ¿Acaso esperas que los haga entrar? ¡Eso no está permitido! ¡Los Príncipes no lo tolerarán! -Sí que lo harán -discrepó Mr. Tiny-. No olvides cuáles fueron las manos que construyeron las Cámaras de los Príncipes. Paris Skyle y los demás saben a quién deben adular. No pondrán ninguna objeción. \* N. de la T: Lefty significa "Izquierdista", un apodo asignado a esa Personita por cojear de la pierna izquierda. destacarías como un pavo real. Toma -me lanzó un fardo. Lo desenrollé y me encontré con un suéter y unos pantalones de color gris pálido, y un gorro de lana.
-¿Desde cuándo tenía esto preparado? -pregunté.
-Desde hace tiempo -admitió, poniéndose unas ropas del mismo color que las mías, en lugar de su habitual conjunto rojo.
-¿Y no podía habérmelo dicho antes? -Claro -repuso, con aquel tono suyo tan exasperante. Me enfundé en mi nueva ropa, y busqué unos calcetines y unos zapatos. Mr. Crepsley meneó la cabeza.
-Nada de zapatos -dijo-. Iremos descalzos.
-¿Sobre la nieve y el hielo? -aullé.
-Los vampiros tenemos los pies más curtidos que los humanosdijo-. Apenas notarás el frío, especialmente cuando estemos andando.
-¿Y las piedras y las espinas? -rezongué.
-Harán que tus plantas se endurezcan aún más -sonrió, y se quitó las zapatillas-. Es igual para todos los vampiros. El camino a la Montaña de los Vampiros no es un simple viaje. Es una prueba. Botas, abrigos, cuerdas... Esas cosas no están permitidas.
-Esto es una locura -suspiré, pero saqué la cuerda, la muda de ropa y las botas de mi bolsa. Cuando estuvimos listos, Mr. Crepsley me preguntó dónde estaba Madam Octa-. No pensará llevarla, ¿verdad? -protesté. Era obvio quién tendría que cuidarla si la llevábamos, ¡y no sería Mr. Crepsley! -Hay alguien a quien deseo enseñársela -dijo.
-Alguien que coma arañas, espero -dije, pero la saqué de su rincón en el ataúd, donde la dejábamos entre función y función. Empezó a arrastrarse mientras levantaba su jaula y la metía en mi mochila, pero se tranquilizó una vez que volvió a encontrarse a oscuras.
Y llegó el momento de partir. Me había despedido antes de Evra (él tenía que actuar en la función de aquella noche y se estaba preparando), y Mr. Crepsley también se había despedido de Mr. Tall. Nadie más nos echaría de menos.
-¿Listo? -me preguntó Mr. Crepsley.
-Listo -suspiré. Abandonamos la seguridad de la caravana, y atravesamos el campamento, dejando que las dos silenciosas Personitas tomaran posiciones a nuestra espalda, y nos pusimos en camino hacia lo que sería una aventura salvaje y llena de peligros, en una helada tierra extranjera empapada de sangre.
## CAPÍTULO 3
Me desperté poco antes del anochecer, estiré mis agarrotados huesos (¡lo que habría dado por una cama o una hamaca!), y salí de la cueva a contemplar las tierras baldías por las que viajábamos. No tuve la ocasión de admirar el paisaje mientras viajábamos durante la noche. Sólo podía detenerme a echarle un vistazo en estos momentos de tranquilidad.
Aún no habíamos alcanzado las zonas nevadas, pero ya habíamos dejado atrás la mayor parte de la civilización. Había pocos humanos por aquí, donde el suelo era rocoso y hostil. Incluso los animales escaseaban, pero había algunos lo suficientemente fuertes para sobrevivir, en su mayor parte ciervos, osos y lobos.
Habíamos estado viajando durante semanas, tal vez un mes... Había perdido la noción del tiempo después de las dos primeras noches.
Cada vez que le preguntaba a Mr. Crepsley cuántas millas debíamos recorrer aún, él sonreía y decía:
-Todavía falta. Me hice unos feos cortes en los pies cuando el suelo se hizo más duro. Mr. Crepsley me aplicó en las plantas savia de hierbas que encontró en el camino, y cargó conmigo un par de noches mientras me cicatrizaba la piel (más rápido que en los humanos). Desde entonces, estuve bien.
Una noche le dije que si era una lata llevar con nosotros a las Personitas, podía cargarme sobre su espalda y cometear (los vampiros pueden correr a una velocidad extraordinaria, mágica, deslizándose por el mundo como estrellas fugaces por el espacio. Lo llaman 'cometear'). Él respondió que si íbamos despacio no era por culpa de las Personitas.
-No está permitido cometear durante el viaje a la Montaña de los Vampiros -me explicó-. Este viaje es una forma de eliminar a los más débiles. En ciertos aspectos, los vampiros son despiadados. No estamos dispuestos a cuidar de quienes no saben cuidarse a sí mismos.
-Eso no es muy considerado que digamos -observé-. ¿Qué pasa con los que son viejos o están heridos?
Mr. Crepsley se encogió de hombros.
-O no emprenden el viaje, o mueren intentándolo.
-Qué estupidez -dije-. Si yo pudiera cometear, lo haría. Nadie lo sabría.
\* N. de la T: Streak significa "raya".
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